Así es, como lo lee, si no me cree, busquelo en internet, algo así no se divulga, pero hoy en día la infomación que circula ya no tiene presión ni prohibición, el libre albedrío pulula en el mundo, conozcamos algo mas de la “Papisa Juana”.

Se trata de un papa o mejor dicho una papisa que no figura en la lista de papas u obispos de Roma, porque fué una mujer que se disfrazó como un hombre y se convirtió por su carácter y sus talentos en secretario de la curia, después en cardenal y finalmente en papa Juan VIII.
Juan VIII, quién debió suceder al papa León IV a la muerte de éste el 17 de Julio de 855 d.C. nació en el año 818, en la Bretaña, se supone que en la inglesa, hija de un monje de nombre Gerber quién predicaba el evangélio entre los sajones.
Mas de un centenar de cronistas religiosos que vivieron entre los siglos XIII al XVII, escribieron sobre éste controvertido papa. Existen razones para pensar que se enamoró en la ciudad Alemana de Colonia, situada a orillas del Rin adonde ella llegó con intenciones de estudiar en su universidad, el nombre del amado, un fraile benedictino llamado Felda, con el cuál mantuvo una relación marital por largo tiempo.
Sucedió entonces que un día el fraile tuvo que viajar a la ciudad de Atenas y como la joven deseó acompañar a su amante, debió tomar una desición, así que vistió ropas frailunas y convertido asi en un respetable monje, fue mas sencillo acompañar a su amante en la peregrinación. Los 2 enamorados vivieron felices por algunos años hasta que una malvada fiebre condujeron al fraile a la tumba.
Algunos autores como Anastasio, bibliotecario de San Juan de Letrán de Roma en el siglo IX, diría algo muy diferente en su “Liber pontificalis“ o Libro de los papas acerca de la joven. Juana debió nacer en la antigua ciudad imperial de Alemánia Ingelheim am Rhein, cerca de Maguncia, pero fué hija de un monje venido de Inglaterra y el fraile de quién se enamoró no se llamaba Fulda, mas bien pertenecía a la abadía de Fulda.
Después que fallece su amado, tuvo un importante dilema y decide no abandonar los hábitos, tanto por el amor al querido difunto, como por el hecho de sentirse mas cómoda con esa ropa. Tomó el camino hacia Roma, donde su gran inteligencia y virtud le abrieron las puertas de la universidad, ocupó una cátedra durante algún tiempo y de allí pasó a ocupar el honrosísimo cargo de notario de la curia romana o curia vaticana, el brillante notario era consultado a cada instante, por que sabía brindar consejos tan sensatos como prudentes, aparte de sus virtudes morales que iban a la par con su talento. Era tan generoso el notario Juan de Bretaña que repartía el dinero entre los menesterosos y puro de alma por que no aceptaba ni disponía de concubinas - algunos lo acusaban de invertido, por que rechazaba a las damas que acudían a insinuarse -, ésta era una norma aceptada por la gran parte de los obispos y cardenales de Roma. Cuando murió León IV y después de una breve consulta, el nombre de Juan de Bretaña fue mencionado en el cónclave por los cardenales.
Poco tiempo después tomaba asiento en el trono papal el virtuoso fraile adoptando el nombre de Juan VIII. El primer año se distinguió el Papa por sus admirables iniciativas, escribió 5 libros censurando a los herejes iconoclastas, agregó un nuevo artículo al credo, consagró al rey Luis II de Francia y ordenó a 14 obispos, tuvo tiempo además para construir 5 iglesias en la capital de la cristiandad, repartir dádivas y limosnas a los mendigos y seguir tan virtuoso como antes.
Al año siguiente, según explican los antiguos cronistas, el papa Juan VIII cometiño un error tan terrible que le costó la vida “sintió un día el aguijón de la carne”, era la papisa de carne y hueso, es decir todo un ser humano, después de todo una mujer necesitada de afectos, ella fue a enamorarse de un paje llamado Florio, que convirtió en su amante sin hacerse éste mucho de rogar. Afirman ciertos cronistas que fue en realida Lamberto de Saxo, embajador en Roma, el causante de su desgracia. Meses más tarde a su primer contácto sexual y amoroso, Juana se encontraba consternada, tuvo que confesarle a su amante una espantosa verdad: “estaba embarazada”.
La primera intención de Juana fue la de abandonar por algún tiempo la ciudad de Roma y retirarse al campo para librarse en el moménto oportuno de la molesta carga contrária a sus planes, pero sus obligaciones le impidieron salir del vaticano y tuvo que seguir adelante, confiada en que la situación cambiaría en cualquier moménto.
Por fortuna para ella las ropas holgadas que vestía, impedían a los eclesiásticos que la rodeaban conocer la gravedad de su situación, pero…un día sucedió la tragédia:
“Cabalgaba el papa Juan VIII al frente de la procesión que había partido a la basílica de San Pedro y se dirigía a la iglesia de san Juan de Letrán, cuando de pronto se sintió indispuesto y calló de la montura, corrieron los testigos a socorrer a su santidad, pero el susto se convirtió en indignación al contemplar un espectáculo increíble.
Por entre los pliegues de la ropa papal surgió algo fantástico que vinieron de creer que se trataba de un milagro enviado sin duda por Dios para recompensar a quién tanto había hecho por los cristianos, eso pensaron algunos ingenuos al principio, al ver asomar un bebe de tez sonrosada debajo de la ropa, que comenzó a lanzar fuertes chillidos, bien se veía que estba hambriento“.
No tardo la multitud en darse cuenta que no se trataba de un milagro y que el papa no era papa sino papisa, se enfurecieron tanto los espectadores del parto en la calle al comprender que había sido engañados por una mujer, la ataron allí mismo a la cla de su propio caballo y la arrastraron por las calles de Roma que no estaban pavimentadas y cuando el noble bruto regreso al punto de partida, los romanos que se habían quedado esperando disponían ya de un surtido ramillete de piedras para lapidar brutalmente a la joven hasta matarla.
En cuanto a la inocente criatura que nada tenía de culpa, se dice que un alma caritativa la recogió y educó para convertirla más tarde en un fraile de verdad que pudiera rezar por la salvación de su madre.
Para concluir, resulta curioso observar que hayan sido justamente los cronistas católicos del pasado los que defendieron con mayor enpeño la tesis de la papisa Juana, el fraile dominico Martín de Polonia y otros más mencionarían, en el siglo XIII, a cierta papisa Juana, después de que el Vaticano prohibió terminantemente aludir a tan nefasto personaje. Dscubrieron un catálogo del siglo anterior en el que se mencionaba a una “Papissa Johanna non numeratur“, es decir en el catálogo se hacía mención y se reconocía la existencia de ésta papisa, pero se le negaba el orden que debió corresponderle dentro de la relación de papas reconocidos por la iglesia.
En la actualidad nadie puede afirmar si existió o no la leyenda de la papisa Juana o si se trató de un infundio malintencionado, puesto que en la cronología de los papas se dice claramente que a León IV, muerto en 855, le sucedió aquél mismo año Benedicto III.
¿Alguien falseó esta cronología, como tantas veces ha sucedido en la história en provecho de ocultos intereses?, ¿Existe algo de verdad en la costumbre establecida de comprobar los cardenales el sexo de cada nuevo papa, para que no vuelva a introducirse una mujer en el vaticano?, según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: “Duos habet et bene pendentes (Tiene dos, y cuelgan bien)”. Además, las procesiones, para alejar los recuerdos dolorosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la iglesia de San Clemente, lugar del parto, en el trayecto del Vaticano a Letrán, ¿Es por culpa de la papisa Juana que se prohibe la entrada a las damas en ciertas salas de la morada del papa?.